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Ago 22

La casa de los líos

Todo aquel que haya estado de Erasmus tiene anécdotas para dar y tomar. Esta temporada que se pasa estudiando en el extranjero es toda una experiencia para millones de europeos y desde hace años es una verdadera motivación para los estudiantes: algunos ya entran en la universidad preguntando cuándo se pueden ir de Erasmus. Otra opción es, directamente, estudiar fuera del país desde el principio, pero no es lo mismo… ni a nivel económico, ni académico.

Mi experiencia Erasmus tuvo los ingredientes de las de casi todos los demás. Cuando nos juntamos unas cuantas personas que han disfrutado de esta beca en diferentes ciudades y nos ponemos a intercambiar recuerdos, todos se parecen. Uno de los rasgos más comunes en estas batallitas son los pisos Erasmus, verdadero microcosmos en el que se pueden vivir situaciones de lo más variopintas.

Yo pasé un par de meses en un piso en el que nunca supe muy bien quién vivía allí y quién estaba de paso. Cada día te tropezabas con alguien diferente en el baño o en la cocina. Un día, alguien habló de comprar somier para un amigo de un amigo. Y aquel personaje se quedó varios días encima del somier, sin colchón ni nada porque se habían olvidado del colchón.

En mi propia habitación tuve que acceder varias veces a que se quedara alguien (algunas veces lo hice con gusto, otras menos…). Era un piso antiguo, inmenso, pero con las habitaciones muy pequeñas. En algún momento llegamos a contabilizar ocho nacionalidades diferentes pululando por ahí. Todo esto tenía sus pros, pero también sus contras. Lo de comprar somier y que un individuo sin identificar se quedara una temporada en el salón, me hizo reflexionar un poco.

La fiesta estaba bien, pero yo también tenía que estudiar y trabajar algunos fines de semana. Así que puse un anuncio: “busco piso Erasmus tranquilo”. Sí, Erasmus y tranquilo en la misma frase… Y me mudé a un piso con otros tres estudiantes bastante aplicados que tenían un régimen moderado de fiesta.  Y, a partir de ahí, empecé a dormir por las noches, que lo necesitaba…